Entre moscas y conejos (*)
El viernes 8 de octubre fue a la universidad el periodista David Hume (nada que ver con el filósofo...). Veterano periodista del Miami Herald, la Estrella de Panamá, y algunos otras periódicos de suramérica. Como hábil comunicador supo treparse por las anécdotas y los ejemplos para (intentar) convecernos de su punto: la falta de fundamento periodístico del proyecto de la Ley de Contenidos. No quiero hablar de sus ideas (con las que se puede estar de acuerdo o no); sino de su modo de razonar. He aquí algunas de sus afirmaciones.
1. Es más fácil enseñarle a escribir a un economista que enseñarle economía a un periodista.
Supongo que sí. Lo engañoso del planteamiento es creer que lo único que el periodista hace mejor es escribir. Buscando alguna analogía, es como pensar que cualquiera que habla ruso puede traducir Guerra y Paz (¡con lo que me costó conseguir una traducción que me haga sentir que leo realmente a Tolstoi!)
2. El dato empírico (para los liberales no hay verdad o falsedad, sino evidencia empírica: si bebo el café sin azúcar es porque estoy a dieta no porque me gusta el café sin azúcar) Diariamente se venden en Venezuela 1.900.000 periódicos. Otro dato: en este momento 2.300.000 venezolanos están conectados a internet.
Ahora viene el malabarismo de las ideas: de allí se afirma que el periodismo digital se impondrá tarde o temprano, incluso en Venezuela. Disculpen todos, pero eso es como afirmar que «como la mayoría de las personas esperan bajo techo a que escampe, el mercado de paraguas va a desaparecer». Los periódicos vendidos son eso: periódicos comprados para ser leídos. En los 2.3 millones de internautas hay de todo: video music, play station y pornografía. E-books, blogs y mucho kazaa. ¡Qué manera de engañarse! 2+2 son cuatro. 2 x 2 son cuatro. Pero eso no significa que la suma sea lo mismo que la multiplicación.
3. El código de ética periodista en Venezuela son varias páginas; en Estados Unidos lo resumimos todo en un folio.
Hasta aquí, no hay problema: no sólo los estadounidenses son más prácticos que nosotros, sino hasta el inglés es más sintético que el español. El problema aparece cuando se me quiere convencer que la síntesis pragmática de los estadounidenses es garantía de un ejercicio ético de la profesión. ¡No, no, no! ¿Acaso un kilo de plomo pesa más que un kilo de algodón?
4. Lo bueno del sistemas de medios en Estados Unidos es que se rectifica enseguida, y que los propios periodistas expulsan a las manzanas podridas. Janet Cooke del Washintong Post –sigue diciendo– inventó la historia de un adolescente que se drogaba; por su reportaje ganó el Pulitzer, que le fue retirado en lo que se supo que toda su historia fue inventada.
Menos mal que se le retiró el premio (y los diez mil dólares, que también es importante). Pero, ¡por Dios!, ¿es eso una prueba de que en Estados Unidos se vive la ética periodística? Si olvidé el cumpleaños de mi esposa, ¿me hace un buen marido invitarla a cenar el día siguiente?
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Hace años pude asistir a un Congreso de esos que organizan los de 5° año de bachillerato para no tener clases en junio. El tema final final era la corrupción. El presidente del Congreso, un muchacho de 17 años que se graduaba de bachiller a las pocas semanas, comentó que el problema de fondo era que la mujer había abandonado el hogar, y lo que eso supone en la transmisión de valores. Inmediatamente pidió la palabra una muchacha y dijo: «Lo que sucede es que los varones tienen miedo de que las mujeres los superemos en todo». Lo del muchacho era una razón: descabellada, machista o lo que sea, pero una razón. Lo de la muchacha... no sé que era (supongo que en parte un complejo), pero no era una razón, ni explicaba las causas de la corrupción.
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(*) Hace varios años el Prof. Nicholas Eberstadt de la Universidad de Harvard explicaba que "La población mundial ha aumentado no porque la gente se ha estado reproduciendo como conejos, sino porque han dejado de morir como moscas." De ese trabajo tomé el título de este post.


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